reacción contra el ataque químico, bacteriológico,
lubricante, hijo de las células calciformes,
glicoproteínas, proteoglicanos sintetizados en el retículo endoplasmático
y el aparato de Golgi.

Si, si, muy lindo versa Wikipedia al respecto, pero a fin de cuentas nadie quiere ser visto en esas.
Constantemente los observo; nadie lo acepta pero a todos les importa lo que se dirá, razón por la cual asumen roles y comportamientos predeterminados (al monolito nadie se le escapa -y yo, en iluso ejercicio, me autoengaño al escribir esto, casi convencido de que gracias a esa consciencia logro salir del molote-).
Me pregunto por qué uno escribe un blog. Todos tienen -o creen tener- algo que decir que, de alguna manera, vale la pena expresar y transmitir a los demás. Bueno, están los que necesitan un poco de catarsis, los filosofastros, los trolls, los estetas, los añejos puristas a quienes el nihil jamás les pasará por la garganta (a pesar de que viven inmersos en este estado), los poetas, los que tienen una gran conciencia social (viscerales, mordaces), los incendiarios, lo grandes aleatorios (abundantes), etc. Y dentro de esta nimiedad bifurcada (entiéndase nimiedad como la paradoja que encierra su significado: el etimológico versus el que se le da en la actualidad), no veo a nadie (como siempre, miento -si los veo pero parecen puntos negros sobre un tapete blanco-), disfrutando de esa chiquillada que ahora llamamos absurdo o irreverente.
Es en ese punto en el que vuelve el asco: la mierda se manifiesta y, seamos sinceros, nadie la quiere tener en sus zapatos.
Deberíamos cagar(la) más seguido.
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